DECLARACIÓN DE FE
Además de adherirnos al Credo de los Apóstoles, al Credo de Nicea y al Credo de Calcedonia, afirmamos y sostenemos sin reservas los siguientes artículos de fe.
DIOS
Creemos en un solo Dios, creador y sustentador de todas las cosas. Él es perfecto e inmutable; completamente amoroso, bueno y santo; ilimitado en conocimiento, poder y presencia. Dios existe eternamente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; uno en esencia, con los mismos atributos y perfecciones divinas, y cada persona cumpliendo un papel distinto. En su propósito eterno y lleno de gracia de redimir para sí a un pueblo, Dios es digno de nuestro amor y adoración de todo corazón.
LAS ESCRITURAS
Creemos que Dios ha hablado por medio de autores humanos en las Escrituras, los sesenta y seis libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento. La Biblia es la única Palabra de Dios escrita e inspirada verbalmente; da testimonio de sí misma, es inmutable y no contiene errores en todo lo que afirma. Como revelación autorizada, infalible y suficiente de Dios para la vida, la doctrina y la práctica, la Biblia es digna de confianza y debe ser obedecida.
CREACIÓN Y CAÍDA
Creemos que Dios creó todas las cosas, visibles e invisibles, de la nada, y que todo era muy bueno. Él sostiene y gobierna soberanamente su creación para su gloria y para el bien de sus criaturas. Dios creó a los seres humanos a su imagen, hombre y mujer, para conocerlo, amarlo y glorificarlo en una relación de pacto, y para cuidar y administrar la tierra. El primer hombre, Adán, pecó contra Dios, lo que resultó en alienación, muerte, culpa, vergüenza y una maldición sobre la tierra. Separados de Dios y sujetos a su juicio, todos los seres humanos han heredado una naturaleza pecaminosa de la cual no pueden salvarse por sí mismos.
JESÚS
Creemos en Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, quien se encarnó para nuestra redención. Nació de la virgen María, siendo plenamente Dios y plenamente hombre, una sola persona con dos naturalezas. Como nuestro sustituto, vivió una vida sin pecado y voluntariamente se entregó en la cruz como sacrificio propiciatorio y reconciliador por nuestros pecados. Murió, fue sepultado, resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre como el único mediador entre Dios y la humanidad. Un día regresará para juzgar a los vivos y a los muertos.
EVANGELIO
Creemos que el evangelio es la buena noticia de que Dios se hizo hombre en Jesucristo para reconciliar consigo mismo a las personas que estaban alejadas de Él. Vivió una vida perfecta y sin pecado en nuestro lugar y murió en la cruz por nuestros pecados. Fue sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos, asegurando nuestra redención para siempre. Habiendo triunfado sobre Satanás y las fuerzas de las tinieblas, ascendió al cielo como Señor de todo. Todo aquel que se arrepiente y cree en Él recibe el perdón de sus pecados y la vida eterna.
SALVACIÓN
Creemos que la salvación, planeada desde la eternidad y prometida a lo largo de las Escrituras, es el acto de gracia de Dios mediante el cual rescata y libera del pecado a las personas perdidas por medio de la fe en la obra redentora de Cristo. Por su gran amor, Dios da vida espiritual a las personas en Cristo mediante la regeneración por el Espíritu Santo. Por gracia, Dios perdona y justifica a las personas por medio de la fe, aparte de las obras, otorgándoles todos los beneficios de estar unidos a Cristo, incluyendo el don de la justicia de Dios, la presencia del Espíritu Santo en sus vidas y la adopción como parte de su familia.
ESPÍRITU SANTO
Creemos en Dios, el Espíritu Santo, quien da y renueva la vida y nos ha sido enviado como garantía de la herencia que Dios nos ha prometido. El Espíritu convence de pecado, ilumina para conocer la verdad, nos lleva al arrepentimiento y a la fe, regenera a los pecadores y une a los creyentes con Cristo, haciéndolos partícipes de la naturaleza divina. Por medio de la presencia del Espíritu Santo en sus vidas, los cristianos disfrutan de la presencia y comunión con Dios. Al ser llenos del Espíritu Santo, los cristianos reciben poder de Dios para ser testigos y servir. Al dar fruto del Espíritu y ejercer los dones espirituales, los creyentes edifican la Iglesia y dan testimonio del reino de Dios.
MISIÓN
Creemos que la misión de Dios es redimir para sí a personas de toda tribu, nación y lengua, y restaurar la creación para su gloria. Así como el Padre amó al mundo y envió a su Hijo, y el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu, el Dios trino envía a la Iglesia al mundo para proclamar el evangelio, hacer discípulos y buscar la justicia y la reconciliación de Dios en el mundo.
SACRAMENTOS
Creemos que el bautismo en agua y la Santa Cena son los dos sacramentos instituidos por Cristo, señales visibles del pacto de gracia de Dios. El bautismo es el sacramento de entrada a la Iglesia, mediante el cual los creyentes se identifican públicamente con la muerte, sepultura y resurrección de Jesús. La Santa Cena es el sacramento mediante el cual los creyentes recuerdan juntos el cuerpo de Cristo entregado y su sangre derramada para el perdón de sus pecados. Los sacramentos son medios de gracia en los que Dios está presente y confirma sus promesas representadas por estas señales visibles.
SANTIFICACIÓN
Creemos que la santificación es el proceso que comienza con la regeneración, mediante el cual Dios transforma a su pueblo a la imagen de Cristo por medio de su Palabra y su Espíritu. Por gracia, los cristianos crecen en santidad y en amor por Dios y por los demás a lo largo de sus vidas, mientras se someten a Jesús, obedecen la Palabra de Dios y caminan en el Espíritu en comunión con otros discípulos.
SEGUNDA VENIDA
Creemos que Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores, regresará a la tierra corporalmente, con poder y gloria, en el momento establecido por el Padre y que la Iglesia desconoce, para resucitar a los muertos y juzgar al mundo. Él revestirá a los justos con cuerpos inmortales y gloriosos, y los recompensará según sus obras. Pero castigará con destrucción eterna a los injustos, a Satanás y a las fuerzas de las tinieblas. Dios consumará la redención y renovará la creación, y su pueblo de todas las naciones disfrutará de su presencia, lo adorará y reinará con Él para siempre.